Cuando uno vuelve de un viaje, normalmente de un sitio que no conocía, siempre trae consigo la impresión de que ha sido el mejor viaje de su vida, puede que por lo innovador, puede que por el placer de aterrizar y poder contar la experiencia vivida. En mi caso, sin duda, al menos hasta el momento, este viaje a Argentina es el viaje que más me ha calado. Conocer el sur del continente americano me abrió un mundo de paisajes, sabores, olores, contrastes, sonrisas… que hicieron que me replanteara muchas cosas, sobre todo respecto a mi relación con respecto a esta madre tierra a la que tan poco y mal cuidamos, pero también con respecto a como vivo y a como quiero aprovechar cada momento.
Argentina es un país enorme y que ofrece muchas más opciones que las que nosotros vivimos, 2 años después volvimos para conocer nuevas zonas del país y la experiencia, como ya contaré, también fue excepcional, pero sin duda la Patagonia deja huella en quien la visita, la humanidad que se siente al navegar junto a la ballena franca austral, el perderse por el fin del mundo, el abrumador silencio helado del Perito Moreno, la naturaleza salvaje de Iguazú, el calor de las gentes de Tandil, la locura nostálgica de Buenos Aires… es sin duda un viaje que, con alguna modificación aprendida de nuestro segundo viaje a Argentina, no sólo deseo sino que pienso repetir, seguro algún día con la persona que mueve mi mundo cuando estoy en casa, y si hay más compañeros de viaje bienvenidos serán.
Realmente a día de hoy no cambiaría nada de lo que vivimos, tuvimos un viaje increíble con sus fallos, sus




